... un viaje al centro del corazón
Stephan con 8 años de edad ha pasado por 6 hogares sustitutos. Él está bajo medidas de protección especial en el programa Foster Care de los Estados Unidos, allí es asignado a familias que lo cuidan mientras una persona está interesada en adoptarlo. Vinimos a colaborar en un campamento de verano con varios chicos que comparten su historia...
Por Eliana M Restrepo Chebair
Estamos entre montañas en medio de un increíble bosque de árboles y sonidos extraños. Momo, está lista para desarrollar su taller de arte sanador (Healing Art) y yo abierta para todo. Liz nos recibe en la noche después de 12 horas de viaje con una pizza y una torta para celebrar el cumpleaños de Stephan. No sabía en este momento cómo este niño marcaría nuestras vidas.
Fui invitada a jugar damas por Dany y Stephan, uno de mis juegos favoritos de mesa. Comencé a observar primero el juego de ellos dos, y Stephan que hasta ahora estaba conociendo las reglas jugaba analizando cada movida como el mejor. Pronto observé que Dany cambiaba las reglas y Stephan perdía. Me ofrecí a competir con Dany para salvar el honor de Stephan pero en breve me había ganado. Dany pasó del programa de protección y fue adoptado por Liz hace dos años. Observé cómo para Stephan, a diferencia de Dany, ganar no era importante sino sentirse jugando con nosotros, un jugador en el campo.
Me enteré al día siguiente un poco más de la vida de estos niños cuando Liz, con unas picaduras de abejas en sus manos nos explicaba su plan para estos días. Cada una recibía instrucciones. Yo me encargaría de ayudar en la cocina, de apoyar los talleres de arte, cuidar de dar las medicinas de las niñas y niños a sus horas exactas y estar atenta a apoyar y responder a las emergencias de salud que pudieran ocurrir.
Catorce niños y niñas venían a "The heart Center" un lugar mágico de retiro, sanación y meditación que Liz construyó siguiendo señales divinas y a pesar de la incredulidad de muchos. Un centro con cabañas de madera para turistas, enclavadas en el bosque, la instalación de una antigua escuela y su gran gimnasio, al estilo de las películas norteamericanas donde se recrean los campeonatos escolares de básquetbol.
Este lugar está dotado de equipos de deporte con lo necesario para hacer felices a los niños. Al frente, en el patio, un laberinto pintado de amarillo y rojo para quien lo recorre pueda transformar sus pensamientos e intenciones. Más abajo un campo para camping, y una tienda indígena.
En este lugar habitaron los Cherokee, el lugar aún recuerda la memoria de los jefes y su pueblo en sus rituales. ¡Sí!, este lugar respira sabiduría. Y en medio de ello Liz conectada con una fuerza espiritual. Ella corría de un lugar a otro, y en los cuatro días no ahorró un minuto de su tiempo y energía para llenar la vida de estos niños, un grupo integrado por hijos de latinos y norteamericanos.
En la mañana de ese día Liz nos advirtió las principales recomendaciones para cada niño. Para mí como psicóloga era evidente que algunos de ellos sufrían de bipolaridad, otros de depresión; varios extremadamente sensibles y llenos de temores. La mayoría en condiciones de pobreza.
Varios han pasado de hogar en hogar, pues es difícil su adaptación a las familias dispuestas a cuidarlos quienes requieren de capacidades especiales para contener estos seres. Su inquietud y ansiedad, las dificultades de dormir, probablemente hijos de drogadictos, familias maltratadoras, todo este abandono ha dejado huellas en sus vidas, en la vida de Stephan.
Hijos de Norteamérica, estos niños parecen invisibles al mundo. Yo, que he trabajado tantos años en el tema de la niñez en países en desarrollo no había tenido la ocasión de convivir directamente con el vacío y el desamparo de los niños de este país a quienes quiero rendir tributo con este artículo.
Marie Lee, llegó a la una de la mañana, venía con todo el amor a cocinar así que me volví su asistente. Desempacamos el mercado de comida orgánica. Ella es experta en terapia Homa, vivió en India por casi una década, siendo sanada por la compañía y las prácticas guiadas de un maestro.
Son las 4 de la tarde y comienzan a llegar los niños y niñas, tan pronto los vi salté en sus caminos, invitándolos a jugar e integrarnos en un juego tonto pero con sentido para todos los que necesitábamos romper el hielo. De pronto me observé hablando inglés y español sin timidez. Todos nos entendimos porque su lenguaje de las sonrisas es universal.
Comenzaron las actividades y yo a repartir las medicinas, una para Stephan en la mañana, otra a las 3, una al acostarse y una para dormir. Con pesar me di cuenta como los niños tenían presentes estas medicinas, me indicaban el color de la pastilla, la cantidad que debían tomar, mostraban una gran responsabilidad por esto, ellos dependen de sí mismos y pareciera que tuvieran clara su auto supervivencia.
Llegó la noche, y ya contábamos con otra voluntaria, Melanie de alrededor de 17 años, adoptada en los últimos años, nos contaba que era autista. Me sorprendió su dedicación a los niños y su esfuerzo por apoyar el campamento.
Llegó la noche y era la hora de dormir en las carpas, las voluntarias mostrábamos señas de cansancio con una temperatura por encima de 30 grados, habíamos acompañado la energía de estos chicos durante todo el día. Notaba como sus energías a medida que llegaba la noche se recargaban con la luna. Hora de dormir, risas de locos, juegos de naipe, linternas encendidas, ese camping era hermoso. El único que durmió solo era Lester, quien necesitó una carpa de cuatro puestos y abrirse de piernas y brazos para ocupar todo el lugar. En la tarde nos había comentado “no siento que sea yo, no me siento”.
Con el nuevo día, llegaron de nuevo las risas y la hora de que Momo (Mónica) iniciara su actividad de trabajo en equipo para unirnos y conectarnos desde el amor a través de la creatividad de todos y el árbol que simboliza “The hear Center”. Comenzó con un cuento en el que Wira, un pájaro que viaja desde el Amazonas transformando corazones, se encuentra con otro que tiene nariz de payaso, y los dos deciden volar entre mariposas y al final encuentran un árbol de corazones donde se posan.
A través de esta actividad Lester a diferencia de los otros jugaba con su cuerpo siendo uno de los dos pájaros con Momo. Este chico nos había ayudado a empacar los paquetes del almuerzo que llevaríamos al paseo del lago. Yo pensaba en la suerte que tendría un padre de tener un chico como él, inteligente, observador y sensible. ¿Cómo se originó su depresión y bipolaridad… su dificultad para lograr contacto con otros?
Lester comparte el hogar sustituto con Louise, con quien el único parecido es su historia común, esta niña bien podrá ser fotógrafa o artista. Llevada de su propia voluntad nos enseñó lo que es el carácter desde niña. La imagen que repito en mis fotografías es durmiendo encima de Waya su siesta, recibiendo el calor de esta pastor alemán que nos cuidó y contuvo todo el tiempo.
La invitación de Momo a los niños fue aceptada por ellos, todos se pararon como abeja en un panal atraídos por los colores de las pinturas, cada uno eligió una parte del árbol, el tronco, los corazones, las ramas. Lester casualmente decidió apoderarse del pájaro. Fue increíble ver cómo los niños respetaban el espacio de unos y otros en el árbol.
El lago fue bello y divertido! Liz me dijo que esta quizás era de las pocas oportunidades que estos chicos por sus recursos económicos tendrían de disfrutar algo así.
Nuestra carpa descapotada en la noche nos había permitido ver las estrellas, escuchar el fantástico sonido de los animales salvajes que se había adentrado con la penumbra del bosque y de pronto a la una de la mañana todo quedo en un silencio total, hasta las cuatro de la mañana donde comenzó otro turno de animales a cantar. Esto era alucinante. Amanecimos de nuevo, al levantarnos a nuestro turno de cocinar mi cuello parecía roto en cuatro partes. No sé cómo dormí; compartía con Momo, Marie Lee y Melisa, quien nos arrulló con su conversación en la que unía una idea con la otra y nosotros ya no podíamos seguir. Liz había dormido en medio del círculo de carpas a la intemperie con Waya cuidando que todos los niños estuvieran allí.
Corrimos a preparar el desayuno, otros a acompañar al baño y duchas a los niños, y de nuevo las actividades del día. Todos en silencio, Liz explicaba la ceremonia del fuego. Mientras preparaba la pirámide de cobre explicaba que esta ceremonia era una acción de ayuda a la naturaleza y a la tierra, ellos y ellas observaban atentamente y después respiraron con nosotras el mágico aroma que deja el Agnihotra (fuego sanador). Cantaron los mantras siguiendo su vibración, veíamos como los pájaros volaban a nuestro alrededor, Marie Lee dijo que a ellos les gusta el fuego del Agnihotra.
A la hora del almuerzo hubo una discusión, si debíamos bendecir los alimentos en español o inglés, los niños norteamericanos pedían que se hiciera solo en inglés pues ellos no entendían español. Al final Liz propuso que oráramos a través del Padre Nuestro, una línea dicha por ella en inglés y otra por mí en español. Todos observamos el experimento y al final llegó un silencio.
Por último llegó la actividad de pintar y reflexionar por La Paz que momo condujo. los niños y niñas comenzaron a pintar el símbolo de La Paz, de los años setenta, al preguntar a Stephan que era La Paz, él dijo: “La Paz es este símbolo que permite que todos hablemos el mismo idioma y nos unamos no importando si hablamos inglés o español".
En el árbol que quedó impreso como mural en el gimnasio de The Heart Center, quedaron pintados 26 corazones 13 en cada lado, 14 manos impresas, y dos corazones uno grande que pintó Liz y uno pequeño que pinto Momo. Este es el árbol que habla de los niños y niñas y de Waya la perra que se acostó a recibir su sombra.
Al día siguiente desayunábamos solo con Stephan y Dany. Los niños y las niñas habían partido, todos llevaban sus símbolos de la Paz. De repente Liz suspendió su café y dijo:
"sé que vuestro corazón está pesado, debo decirles algo. Stephan deberá regresar a una nueva familia mientras alguien le adopta."
Todas sentimos la tristeza y frustración, rompimos nuestro silencio y comenzamos a hablar de la trata y tráfico de niños y niñas para el uso de la prostitución, de inaceptables estadísticas de violencias sexuales en este país, de los abusos: cada hora 4 niños son usados en el comercio sexual. Este al igual que otros países desarrollados, potencias mundiales no se diferencia de otros, la violencia se convierte en parte del paisaje, se normaliza en todas partes. Pensé: – ¿Qué tipo de desarrollo estamos promoviendo?.
Ante mi sensación de fracaso universal, me quedan las palabras de esperanza de Stephan, La Paz es un lenguaje universal. La paz que proviene y se gesta desde el mismo útero, aquella que se cultiva con los vínculos, aquella que nos permite permanecer y trascender.
A las dos semanas recibí noticias sobre Stephan, tuvo una recaída fuerte. Pensé entonces en la soledad de los niños de Norteamérica, de los niños y niñas del mundo y de quienes podemos hacer la diferencia para que las cosas cambien. La experiencia de este campamento de verano y la felicidad que ellos y ellas alcanzaron a experimentar en The heart center, seguramente servirá como un recuerdo en el que su alma se anclará cada vez que lo necesite.


